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Exit strategy 2.0 October 2nd, 2022 by

Vea la versión en español a continuación

I’ve written before that a program to support a network of local food producers and consumers needs an exit strategy (An exit strategy). I’ve seen various projects that do a good job at mentoring smallholders, to produce chemical-free food, package it attractively and distribute it to discriminating consumers in the city. This usually relies on hidden subsidies: the university-educated technical staff who broker the food, promote it and transport it in cars, also paid for out of the project budget. It’s a way to show that there is demand for agroecological food, but not a business model.

In the Tungurahua province of Ecuador, last February, I saw what it takes for farmers and consumers to come together in a robust, self-sustaining way.

In the municipality of Pelileo, a city of about 50,000 people, the NGO SWISSAID started 13 years ago to teach 600 farmers and gardeners about agroecology, according to the current country director, Oscar Quillupangui. The second year, SWISSAID organized the farmers to sell their produce in a fair in the city. This was only possible thanks to the mayor at the time, who understood the importance of a market for local, organic produce. As Fernando Jácome of SWISSAID told me, “you can’t run a market without local government support. If you set up a food fair in a public space, the mayor can ask the police to throw you out. In fact, farmer fairs in some other Ecuadorian cities did not thrive, because of this lack of municipal support.”

The current mayor, Ing. Leonardo Maroto, has a vision for healthy food systems: “the countryside gives life to the city.”

When Paul and Marcella and I visited the weekly agroecological fair in Pelileo, on Thursday, 10 February, we were delighted to see a living market, supported by a whole social structure. The space itself is the size of a large basketball court, with a cement floor and a high, awning roof, no walls, but with a stage on one end and step-like seats on the other. Seventy-seven farmer-sellers, almost all women (with two or three supportive husbands), set out their fresh produce on tables in neat rows. Each table was covered with an orange tablecloth. The sellers wore green smocks and orange caps, which helped the organized women (with some help from a couple of municipal cops) to keep out free riders trying to sell conventional food in the market.

The food is of great diversity: potatoes and other Andean roots and tubers, leafy vegetables, pulses like peas and broad beans, giant squash, butchered ducks, rabbits, chickens and guinea pigs. It’s all fresh off the farm and of the highest quality, attracting a steady stream of middle-class consumers who appreciate the value of local feed, free of toxic chemicals.

“Well, it is for our health, right? We always have to be natural. Because you know that now there are so many illnesses because of the chemicals that they put in the fruits and the vegetables. So, for us, for me, and for everyone it is very good that the food is natural, to avoid illnesses,” says Maricela Herrera, one of the consumers.

There are some touches of local personality, like the ten-man brass band, from the municipal government. They don’t play every week, but they come about once a month to attract customers with their beat. There is some free food tasting (potatoes with a slice of egg, peanut sauce and a bit of boiled pork skin).

Mayor Maroto makes an appearance, offering encouraging words over the loudspeaker. The band starts again and people begin to dance, eventually dragging Paul and I onto the dance floor as well.

Through all of this, the staff from SWISSAID, including Fernando and Oscar, keep a low profile. They stand on the sidelines, but they are observant, and I would have missed one of the most important parts of the fair, if they had not pointed it out to me. The farmers who sell at the fair have elected a president, vice-president, secretary and treasurer, Martha Cunalata who quietly goes from one table to the next, collecting one dollar from each member, to meet the association’s expenses.

Self-financed, organized and supported by paying customers and the local government, this market could survive even without an NGO to nurture it. This is what a healthy, local food system looks like. Hopefully it will grow and plant seeds in other cities. As Paul told mayor Maroto of Pelileo, “you are an inspiration to other cities of the world.”

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Thanks to Oscar Quillupangui and Paul Van Mele for their helpful comments on a previous version of this blog.

ESTRATEGIA DE SALIDA 2.0

Jeff Bentley, 2 de octubre del 2022

Ya he escrito antes que un programa de apoyo a una red de productores y consumidores de alimentos locales necesita una estrategia de salida (Una estrategia de salida). He visto varios proyectos que hacen un buen trabajo de orientación a los pequeños productores para que produzcan alimentos sin productos químicos, los envasen de forma atractiva y los distribuyan a los consumidores exigentes de la ciudad. Esto suele tener subvenciones ocultas: el personal técnico con formación universitaria que se encarga ayudar con la venta de los alimentos, de su promoción y de su transporte en vehículos, también pagados con el presupuesto del proyecto. Es una forma de demostrar que hay demanda de alimentos agroecológicos, pero no un modelo de negocio.

En la provincia ecuatoriana de Tungurahua, el pasado mes de febrero, vi lo que hace falta para que agricultores y consumidores se unan de forma sólida y autosostenible.

En el municipio de Pelileo, una ciudad de unos 50.000 habitantes, la ONG SWISSAID empezó hace 13 años a enseñar agroecología a 600 agricultores y dueños de huertos, según el actual director nacional, Oscar Quillupangui. El segundo año, SWISSAID organizó a los agricultores para que vendieran sus productos en una feria en la ciudad. Esto sólo fue posible gracias al alcalde de la época, que comprendió la importancia de un mercado para los productos locales y ecológicos. Como me dijo Fernando Jácome, de SWISSAID, “no se puede hacer un mercado sin el apoyo del gobierno local. Si montas una feria de alimentos en un espacio público, el alcalde puede pedir a la policía que te boten. De hecho, las ferias agrícolas de otras ciudades ecuatorianas no prosperaron por esta falta de apoyo municipal”.

El actual alcalde, Ing. Leonardo Maroto, tiene una visión de los sistemas alimentarios saludables: “el campo da vida a la ciudad”.

Cuando Paul, Marcella y yo visitamos la feria agroecológica semanal de Pelileo, el jueves 10 de febrero, nos encantó ver un mercado vivo, apoyado por toda una estructura social. El espacio en sí tiene el tamaño de una gran cancha de baloncesto, con un piso de cemento y un techo alto de calamina, sin paredes, pero con un escenario en un extremo y asientos escalonados en el otro. Setenta y siete vendedores de productos agrícolas, casi todas mujeres (con dos o tres maridos colaboradores), colocaban sus productos frescos en mesas en hileras ordenadas. Cada mesa estaba cubierta con un mantel naranja. Las vendedoras usaban batas verdes y gorras naranjas, lo que ayudó a las mujeres organizadas (con algo de ayuda de un par de policías municipales) a mantener alejados a los que intentaban vender alimentos convencionales en el mercado.

La comida es muy variada: papas y otras raíces y tubérculos andinos, verduras de hoja, legumbres como frijoles y habas, calabazas gigantes, patos, conejos, pollos y cuyes. Todo está recién salido de la granja y es de la primera calidad, lo que atrae a un flujo constante de consumidores de clase media que aprecian el valor de los alimentos locales, libres de productos químicos tóxicos.

“Bueno, es que, por la salud ¿no? Siempre tenemos que estar a lo natural. Sabe que ahora hay tantas enfermedades por los químicos que ponen a las frutas, a las legumbres. Entonces, para nosotros, para mí, y para todos, es muy bueno que sea natural. Porque nos evitamos de muchas enfermedades”, dice Maricela Herrera, una de las consumidoras.

Hay algunos toques de personalidad local, como la banda de música de diez hombres, del gobierno municipal. No tocan todas las semanas, pero vienen una vez al mes para atraer a los clientes con su ritmo. Hay una degustación gratuita de comida (papas con una rodaja de huevo, salsa de maní y un poco de piel de cerdo hervida).

El alcalde Maroto hace su aparición, ofreciendo palabras de aliento por la megafonía. La banda vuelve a sonar y la gente empieza a bailar, arrastrándonos a Paul y a mí a la pista de baile.

Durante todo esto, el personal de SWISSAID, incluidos Fernando y Óscar, mantienen un perfil bajo. Se mantienen al margen, pero son observadores, y me habría perdido una de las partes más importantes de la feria si no me la hubieran señalado. Los agricultores que venden en la feria han elegido un presidente, un vicepresidente, un secretario y un tesorero, Martha Cunalata, que va tranquilamente de una mesa a otra, recogiendo un dólar de cada miembro, para hacer frente a los gastos de la asociación.

Autofinanciado, organizado y apoyado por los clientes que pagan y por el gobierno local, este mercado podría sobrevivir incluso sin una ONG que lo alimente. Este es el aspecto de un sistema alimentario local saludable. Esperemos que crezca y siembre semillas en otras ciudades. Como dijo Paul al alcalde Maroto de Pelileo, “ustedes son una inspiración para otras ciudades del mundo”.

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Gracias a Oscar Quillupangui y Paul Van Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog.

 

 

Look me in the eyes September 25th, 2022 by

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In Ecuador recently, I saw some of the best extension work I have ever seen. Fernando Jácome, an agronomist with SWISSAID took us to meet farmers, almost all women, who have been working with him and his colleagues for over ten years. 85 smallholders from different communities of Pelileo, in Tungurahua, in the Andes, are organized into seven small associations. They have learned to produce an impressive assortment of fruits and vegetables, from tomatoes to strawberries, cabbage, lettuce, avocadoes, lemons, blackberries and many more, as well as rabbits and guinea pigs. It’s all grown ecologically.

With Paul and Marcella, filming a video on agroecological fairs, we accompanied Ing. Alex Recalde, an agronomist working for the Pelileo municipality, as he inspected farms to make sure that they were really producing ecologically. Alex’s visits are largely about teaching and encouraging, with little policing, since the women all seem convinced about agroecology.

First, Alex registers what the farmers are growing. That way he knows what each one will harvest, to later verify in the fair that they are only selling their own produce, and in plausible amounts.

During the farm visits, often accompanied by leaders of the Agroecological Associations of Pelileo, Alex looks for signs of chemicals, such as discoloration on the leaves, or residues of synthetic fertilizer on the soil, or discarded chemical containers. He also looks at the insects on the farm. A diverse insect community with many beneficials and few pests is a sign that toxic chemicals have not been used.

If the farmer has any pests and diseases, Alex advises her on what to do. We were with him while he explained to farmer Korina Quille that the unsightly scabs on her avocados were not actually a disease at all, but they were simply scars formed because the wind had rubbed the tender fruits against a branch. Realizing that cosmetic damage is not caused by a pathogen can also reassure farmers that agroecology is working for them. It also helps them explain to customers that there is nothing wrong with their avocados.

Later that afternoon, we attended a meeting of the agroecological association. The organized women began by taking attendance (roll call). They had brought samples of their produce, for an exercise on displaying it attractively and in standard sized pots and baskets, so they could all sell the same measure at the same price, one that would be fair for farmers and consumers.

SWISSAID’s Mario Porres led a lively discussion, asking the audience: “How can you have a standard measure, if the customers all insist on the yapa (a little bit extra)?” He held up a basket of berries and said “measure it, take a few out, and when the customer asks for the yapa, put them back in.” The audience laughed in appreciation.

The meeting ended with a drama coach, Verónica López, who used theatrical exercises to build the women’s self-confidence. Poor, peasant and indigenous women can be afraid to be assertive, but Verónica was teaching them to be bold and to have fun at the same time. The women knew Verónica, and as soon as she took the floor, everyone stood up. “Walk angry!” Verónica shouted, “your husband has been telling you what to do!” The women stomped around the courtyard, arms swinging, recalling their anger, over-acting and loving every minute of it.

“Now, imagine that you bring that anger to the market, and you are angry with the customers. Will they want to buy from you?” Verónica asked.

In another exercise, on love, the women hugged each other, and they learned to walk happy, not angry. The drama coach also had the women shout, part of an exercise where they learned to speak loudly, but kindly, looking customers in the eye, to win them over.

This training, encouragement and organization has opened a space where indigenous women can sell their beautiful produce in the local, open-air markets, in small cities like Pelileo, and in big ones like Ambato.

Later, we found out how well the training had paid off. One morning before dawn, I was with Paul and Marcella in the wholesale market in Ambato. This is the biggest market in Ecuador, a sprawling complex of pavilions with roofs, but no walls, where trucks loaded and unloaded produce. Fernando Jácome, the extensionist had brought us here, to the heart of the country’s commercial food system, but he left us for a while with Anita Quille, one of the women leaders of the association. When a local official approached us to ask why we were there with a big camera, doña Anita stepped forward, and looked him in the eye. She spoke gently but firmly, in a self-confident tone of voice, explaining who we were, and that we were there making a video on local farmers, and markets.

All of the organization, training and acting classes on assertiveness had paid off.

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Thanks to Fernando Jácome and Paul Van Mele for their helpful comments on a previous version of this blog.

MÍRENME A LOS OJOS

Jeff Bentley, 25 de septiembre del 2022

Hace poco, en Ecuador, vi uno de los mejores trabajos de extensión que he visto jamás. Fernando Jácome, agrónomo de SWISSAID, nos llevó a conocer a los agricultores, casi todas mujeres, que trabajan con él y sus colegas desde hace más de diez años. 85 pequeñas propietarias de diferentes comunidades de Pelileo, en Tungurahua, en los Andes, están organizados en siete pequeñas asociaciones. Han aprendido a producir un impresionante surtido de frutas y verduras, desde tomates a fresas, repollo, lechugas, aguacates, limones, moras y muchas más, así como conejos y cuyes. Todo se cultiva de forma ecológica.

Con Paul y Marcella, filmando un video sobre ferias agroecológicas, acompañamos al Ing. Alex Recalde, un agrónomo que trabaja para el municipio de Pelileo, mientras inspeccionaba las granjas para asegurarse de que realmente producían de forma ecológica. Las visitas de Alex consisten en gran medida en enseñar y animar, no como policía sino como profesor, ya que todas las mujeres parecen convencidas de la agroecología.

En primer lugar, Alex registra los cultivos que las agriculturas tienen en sus granjas. Así sabe lo que cada una va a cosechar, para luego verificar en la feria que solo se venda productos cultivados por ellas, y en cantidades creíbles.

En sus visitas, Alex a menudo es acompañado por dirigentas de las Asociaciones Agroecológicas de Pelileo. Buscan signos de productos químicos, como decoloración en las hojas, o residuos de fertilizantes sintéticos en el suelo, o envases de químicos desechados. También se fija en los insectos en la parcela. Una diversa comunidad de insectos, muchos benéficos y pocas plagas, es señal de que no se han usado químicos tóxicos.

Si la productora tiene alguna plaga o enfermedad, Alex le aconseja qué hacer. Estuvimos con él mientras explicaba a Korina Quille que las desagradables costras de sus aguacates no eran en realidad una enfermedad, sino que eran simplemente cicatrices formadas porque el viento había rozado los tiernos frutos contra una rama. Darse cuenta de que los daños estéticos no están causados por un patógeno también puede tranquilizar a las agricultoras, y confirmar que las prácticas agroecológicas les están funcionando. También les ayuda a explicar a los clientes que no hay nada malo en sus aguacates.

Esa misma tarde, asistimos a una reunión de la asociación agroecológica local. Las mujeres organizadas empezaron pasando lista. Habían traído muestras de sus productos, para hacer un ejercicio de exposición atractiva, en macetas y cestas de tamaño estándar, de manera que todas pudieran vender la misma medida al mismo precio, uno que fuera justo para productoras y consumidores.

Mario Porres, de SWISSAID, dirigió un animado debate, preguntando a las asistentes: “¿Cómo se puede tener una medida estándar, si todos los clientes insisten en la yapa (un poco más)?”. Levantó una cesta de bayas y dijo: “mídela, quita algunas y cuando el cliente pida la yapa, vuelve a ponerlas”. El público se rio en señal de empatía.

La reunión terminó con una lección de una maestra de teatro, Verónica López, que usó varios ejercicios para aumentar la confianza de las mujeres en sí mismas. Las mujeres pobres, campesinas e indígenas pueden tener miedo de ser asertivas, pero Verónica les enseñaba a ser audaces y a divertirse al mismo tiempo. Las señoras conocían a Verónica y, en cuanto tomaba la palabra, todas se pusieron de pie. “¡Caminen enfadadas!” gritó Verónica, “¡tu marido te ha dicho lo que tienes que hacer!”. Las mujeres caminaban por el patio, moviendo los brazos, recordando su enojo, sobreactuando y disfrutando de cada minuto.

“Ahora, imagina que llevas ese enfado al mercado y te enfadas con los clientes. ¿Querrán comprarte?” preguntó Verónica.

En otro ejercicio, sobre el amor, las mujeres se abrazaron y aprendieron a caminar felices, no enfadadas. La teatrera también hizo que las mujeres gritaran, parte de un ejercicio en el que aprendieron a hablar en voz alta, pero con amabilidad, mirando a los clientes a los ojos, para ganárselos.

Esta formación, el estímulo y la organización, han abierto un espacio en el que las mujeres campesinas pueden vender sus hermosos productos en los mercados locales al aire libre, en ciudades pequeñas como Pelileo, y en las grandes como Ambato.

Más tarde, nos dimos cuenta de lo bien que había dado resultado la formación. Una mañana, antes del amanecer, estaba con Paul y Marcella en el mercado mayorista de Ambato. Es el mercado más grande de Ecuador, un complejo de pabellones con techo, pero sin paredes, donde los camiones cargan y descargan productos. Fernando Jácome, el extensionista, nos había traído hasta aquí, al corazón del sistema comercial de alimentos del país, pero nos dejó un rato con Anita Quille, una de las mujeres líderes de la asociación. Cuando un funcionario local se acercó a preguntarnos por qué estábamos allí con una cámara grande, doña Anita se adelantó y le miró a los ojos. Habló con suavidad, pero con firmeza, con un tono de voz seguro de sí misma, explicando quiénes éramos, y que estábamos allí haciendo un video sobre los agricultores locales, y los mercados.

Toda la organización, el entrenamiento y las clases de actuación sobre asertividad habían dado sus frutos.

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Gracias a Fernando Jácome y Paul Van Mele por sus valiosos comentarios sobre una versión previa de este blog.

The potato race September 18th, 2022 by

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Last May, farmer and seed guardian, Domínica Cantorín, shed some light on potato mixes. She and her family grow over 80 varieties of potato, all mixed in their field.

I’ve heard several reasons for having a diversity of potatoes, ranging from allowing plant breeders to create the varieties of tomorrow, to the joy of eating many kinds of different potatoes. But doña Domínica had a new one: a mix of potatoes is more resistant to frost, hail and disease (especially late blight).

She described it as a kind of a race, or a contest. If a potato is surrounded by other varieties, each kind struggles to win the race, to grow the best. “When one potato sees that the one at its side is growing, he also pulls; he also grows. He does not let himself be beaten. It becomes like a race. They do not let themselves be beaten by the others. They also want to be there.”

This part of Peru is famous for growing many varieties. It is less widely appreciated that farmers tend to grow them in large mixes.

Under farmers’ conditions, it is possible that mixing varieties makes it harder for a certain pathogen strain to wipe out the whole lot, because some of the varieties will be more resistant than others to the disease. The healthy, resistant potatoes may keep the germs from spreading to the more susceptible varieties. It’s harder to explain why a mix of varieties growing together would help potatoes withstand cold weather. Yet such observations are borne of centuries of local observations and deserve at least the respect of any thoughtful hypothesis.

It has been my experience that farmers’ more unusual statements may be the most insightful. For example, in the 1980s, long before climate change was being mentioned, Honduran farmers were already telling me about how the rains were being delayed. For years they expected the rains to start on 3 May, on the Day of the Cross (El Día de la Cruz). In the 1980s farmers wondered if deforestation was warming the earth, and the hotter, unshaded soil was forcing the clouds higher. The farmers’ explanation of the mechanism of climate change may have been faulty, but they  were among the first members of the public to notice it.

So yes, a mix of potato varieties may well stay healthier than a field of just one variety, even though the mechanisms of protection from diseases may not (yet) be fully understood.

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Native potatoes

Native potatoes, tasty and vulnerable

Potato marmalade

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Recovering Native Potatoes

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The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos, including this one, was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca and colleagues of the Grupo Yanapai for introducing us to the farmers of Junín, and for sharing their knowledge with us.

LA COMPETENCIA DE LAS PAPAS

Jeff Bentley, 18 de septiembre del 2022

El pasado mes de mayo, la agricultora y guardiana de las semillas, Domínica Cantorín, arrojó algo de luz sobre las mezclas de papas. Ella y su familia cultivan más de 80 variedades de papa, todas mezcladas en su campo.

He oído varias razones para tener una diversidad de papas, que van desde permitir a los fitomejoradores crear las variedades del mañana, hasta el placer de comer muchos tipos de papas diferentes. Pero doña Domínica tenía una nueva razón: una mezcla de papas es más resistente a las heladas, el granizo y las enfermedades (especialmente el tizón tardío).

Lo describió como una especie de carrera o concurso. Si una papa está rodeada de otras variedades, cada una lucha por ganar la carrera, por ser la mejor. “Cuando una papa ve que la que está a su lado crece, también jala; también crece. No se deja vencer. Se convierte en una competencia. No se dejan ganar por las otras. Ellos también quieren estar ahí”.

Esta parte de Perú es famosa por cultivar muchas variedades. Se aprecia menos que los agricultores tienden a cultivarlas en grandes mezclas.

En las condiciones de los agricultores, es posible que la mezcla de variedades haga más difícil que una determinada cepa de patógeno acabe con todo el lote, porque algunas de las variedades serán más resistentes que otras a la enfermedad. Las papas sanas y resistentes pueden impedir que los gérmenes se propaguen a las variedades más susceptibles. Es más difícil explicar por qué una mezcla de variedades que crecen juntas ayudaría a las papas a resistir el frío. Sin embargo, estas observaciones son fruto de siglos de observaciones locales y merecen al menos el respeto de cualquier hipótesis reflexiva.

Según mi experiencia, las declaraciones más inusuales de los agricultores pueden ser las más perspicaces. Por ejemplo, en la década de 1980, antes de que se hablara mucho del cambio climático, los agricultores hondureños ya me contaban que se estaban retrasando las lluvias. Durante años esperaban que las lluvias comenzaran el 3 de mayo, en el Día de la Cruz. En los años ochenta, los agricultores se preguntaban si la deforestación estaba calentando la tierra y si el suelo, más caliente y sin sombra, obligaba a las nubes a subir. Puede que la explicación de los agricultores sobre el mecanismo del cambio climático fuera errónea, pero eran algunos de los primeros miembros del público en darse cuenta.

Así que sí, una mezcla de variedades de papa puede ser más saludable que un campo de una sola variedad, aunque los mecanismos de protección contra las enfermedades no se comprendan (todavía) del todo.

Previamente en el blog de Agro-Insight

Papas nativas

Papas nativas, sabrosas y vulnerables

Mermelada de papa

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Recovering Native Potatoes

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Nuestra visita al Perú para filmar varios videos, incluso este, fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca y colegas del Grupo Yanapai por presentarnos a los agricultores de Junín y por compartir su conocimiento con nosotros.

 

Native potatoes September 11th, 2022 by

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Peru’s native potatoes are a living treasure of 4,000 varieties that come in red, purple, yellow and black. Round or long, smooth or knobby, each one is different, and tasty. But for years, city people ignored the native potato, considered to be the inferior food of poor people.

Some farmers and their allies are fighting to keep the native potato alive. Over 20 years ago, Peruvian agronomist Raúl Ccanto was one of the people who realized that native potatoes could survive, if people in the city would buy them.

A brand name was created, Mishki Papa—roughly translating as “tasty potato”, and the little tubers were displayed in a net bag, so customers could see their unique beauty. To produce the potatoes, 50 farmers were organized into the newly created Association of the Guardians of Native Potatoes of Peru (Aguapan).

I told Raúl that I used to buy these potatoes at an upscale supermarket when I lived in Peru in 2010. Raúl explained that Aguapan was no longer selling through the supermarket, which would only pay for the potatoes two weeks after they had taken delivery and would return any unsold ones, paying the farmers only 1.30 soles (about 30 cents of a dollar), while charging customers 4.30 soles. Perhaps most discouraging, the supermarket only accepted three or four varieties of potatoes, while farmers grew dozens. As Raúl explained, if consumers only bought four varieties, the others would still be endangered.

In recent years, two European farmers’ organizations (Agrico and HZCP) have each given Aguapan 15,000 Euros to help them market potatoes. Paul and Marcella and I visited the president of Aguapan, Elmer Chávez, while he harvested native potatoes with his family in the village of Vista Alegre, in Huancavelica, at 3,900 meters above sea level (12,800 feet). At this staggering altitude, where we struggled just to breathe and walk at the same time, the Chávez family was hard at work, carefully unearthing each variety..

From each of the 80 varieties, the family saves five potatoes as seed for next year. The rest are to eat at home and to sell. The family works hard against a deadline. We were there on a Friday, and on Monday morning don Elmer had to be at a trucking company in Huancayo, 30 km away, to ship half a ton of potatoes.

In Lima, representatives of Yanapai (an NGO that collaborates with Aguapan) will receive the potatoes, advertise them on social media, keep them in a warehouse and take orders from individual customers. On the following Friday, the potatoes will be sold in two-kilo net bags, with as many as 18 varieties in each little sack. Raúl explains that this is called a chaqru (from the Quechua word for “mix”). Each farm family produces its own special mix, selected over the years to have the same cooking time, and to combine nicely on the plate.

To promote the potatoes, Yanapai has made a catalog of the varieties and a booklet describing individual farmers and the unique mix of potatoes that each one has.

As agronomist Edgar Olivera of Yanapai explains, the delivery service still requires some financial and technical support, but the hope is that one day it will be self-sustaining. Many farmers have grown children who now live in the big, capital city of Lima. Some of the children of farmers may one day be able to earn money selling the native potatoes from their home villages, turning the gem-like potatoes of their parents into a real source of income for the families who nurture them.

Further reading

Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI); Grupo Yanapai; Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA); Centro Internacional de la Papa (CIP). 2017. Catálogo de variedades de papa nativa del sureste del departamento de Junín – Perú. Lima. Centro Internacional de la Papa. ISBN 978-92-9060-208-8. 228 p. https://cgspace.cgiar.org/handle/10568/89110

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The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos, including this one, was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca and colleagues of the Grupo Yanapai for introducing us to the farmers of Aguapan and for sharing their knowledge with us.

PAPAS NATIVAS

Por Jeff Bentley, 11 de septiembre del 2022

Las papas nativas de Perú son un tesoro vivo de 4.000 variedades, entre rojas, moradas, amarillas y negras. Redondas o largas, lisas o nudosas, cada una es diferente, y sabrosa. Pero durante años, la gente de la ciudad ignoró la papa nativa, considerada como el alimento inferior de los pobres.

Algunos agricultores y sus aliados luchan por mantener viva la papa nativa. Hace más de 20 años, el ingeniero agrónomo peruano Raúl Ccanto era una de las personas que se dieron cuenta de que la papa nativa podía sobrevivir si la gente de la ciudad la compraba.

Se creó una marca, Mishki Papa—que se traduce aproximadamente como “papa sabrosa”— y los pequeños tubérculos se presentaban en una bolsa de red para que los clientes pudieran apreciar su belleza. Para producir las papas, 50 agricultores se organizaron en la recién creada Asociación Nacional de Guardianes de la Papa Nativa de Perú (Aguapan).

Le dije a Raúl que yo solía comprar estas papas en un supermercado bien surtido cuando vivía en Perú en 2010. Raúl me explicó que Aguapan ya no vendía a través del supermercado, que sólo pagaba las papas dos semanas después de recibirlas y devolvía las que no se vendían, pagando a los agricultores sólo 1,30 soles (unos 30 centavos de dólar), mientras que cobraba a los clientes 4,30 soles. Lo más desalentador es que el supermercado sólo aceptaba tres o cuatro variedades de papas, mientras que los agricultores cultivaban docenas. Como explicó Raúl, si los consumidores sólo compraran cuatro variedades, las demás seguirían en peligro de extinción.

En los últimos años, dos organizaciones europeas de agricultores (Agrico y HZCP) han dado a Aguapan 15.000 euros cada una para ayudarles a comercializar las papas. Paul, Marcella y yo visitamos al presidente de Aguapan, Elmer Chávez, mientras cosechaba papas nativas con su familia en el pueblo de Vista Alegre, en Huancavelica, a 3.900 metros sobre el nivel del mar. A esta increíble altitud, en la que nos costaba respirar y caminar al mismo tiempo, la familia Chávez se entusiasmaba de desenterrar cuidadosamente cada variedad.

De cada una de las 80 variedades, la familia guarda cinco papas como semilla para el próximo año. El resto son para la olla o para la venta. La familia trabaja duro con un plazo límite. Estuvimos allí un viernes, y el lunes por la mañana don Elmer tenía que estar en una empresa de transportes de Huancayo, a 30 km, para enviar media tonelada de papas.

En Lima, los representantes de Yanapai (una ONG que colabora con Aguapan) recibirán las papas, las anunciarán en las redes sociales, las guardarán en un almacén y tomarán los pedidos de los clientes particulares. El viernes siguiente, las papas se venderán en bolsas de red de dos kilos, con hasta 18 variedades en cada pequeño saco. Raúl explica que esto se llama chaqru (de la palabra quechua para “mezcla”). Cada familia campesina produce su propia mezcla especial, seleccionada a lo largo de los años para que tenga el mismo tiempo de cocción, y para que combine bien en el plato.

Para promocionar sus papas, Yanapai ha publicado un catálogo de las variedades y un folleto en el que se describe a cada agricultor y la mezcla única de papas que tiene cada persona.

Como explica el ingeniero Edgar Olivera, de Yanapai, el servicio de entrega aún requiere cierto apoyo financiero y técnico, pero la esperanza es que algún día sea autosuficiente. Muchos agricultores tienen hijos mayores que ahora viven en la ciudad capital de Lima, y es posible que algunos de ellos puedan algún día ganar dinero vendiendo las papas nativas de sus pueblos de origen, convirtiendo esta riqueza genética en una fuente de ingresos para las familias que la cultiva.

Lectura adicional

Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI); Grupo Yanapai; Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA); Centro Internacional de la Papa (CIP). 2017. Catálogo de variedades de papa nativa del sureste del departamento de Junín – Perú. Lima. Centro Internacional de la Papa. ISBN 978-92-9060-208-8. 228 p. https://cgspace.cgiar.org/handle/10568/89110

Previamente en el blog de Agro-Insight

Papas nativas, deliciosas y vulnerables

Mermelada de papa

Making farmers anonymous

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Recuperemos las Papas Nativas

Agradecimiento

Nuestra visita al Perú para filmar varios videos, incluso este, fue posible gracias al generoso apoyo del Programa Colaborativo de Investigación de Cultivos (CCRP) de la Fundación McKnight. Gracias a Edgar Olivera, Raúl Ccanto, Jhon Huaraca y colegas del Grupo Yanapai por presentarnos a los miembros de Aguapan y por compartir su conocimiento con nosotros.

From soil fertility to cheese September 4th, 2022 by

From soil fertility to cheese

Nederlandse versie hieronder

More than 10 years ago, a project in the high Andes in Peru set out to improve soil fertility with local communities. So, during a recent visit to the community of Colpar, in Quilcas municipality, we were surprised to hear rural women talk about how they had established a women’s association selling cheese and yoghurt. It seemed a long leap at first, but as we spent more time with the community we were reminded once more how development impacts can divert from initial intentions.

Jeff, Marcella and I had a chance to work with the local NGO Yanapai on a video about improved pastures. Farmers traditionally left their fields fallow for 10 years or more after they had planted potatoes for a year, followed by a year of oca, ulluco, broad beans or another crop. With increased pressure on the land, fallow periods shortened and soil fertility declined. The initial idea of the researchers was that by broadcasting seeds of legume fodder crops and improved grasses, such as rye grass after the last harvest, would help the  soil recover its fertility faster. This idea, as creative it was, never quite worked out.

But the researchers and NGO staff did not give up and kept on engaging the farmers in their trials. Farmers gradually started to drive the agenda. Especially in areas where farmers had access to irrigation water, they began experimenting with mixed pastures, containing a mix of annual and perennial fodder legumes and grasses, such as oats, barley, rye grass, clover, alfalfa and vetch.

All farmers in Quilcas now have semi-permanent fields of fodder, which they establish at different times of the year to have feed all year round, as Ricardina Rodríguez, one of the local women tells us: “Natural pasture dries up in the dry season, and there is nothing for the cows to eat. Planted fodder is there all year. We cut it every two months, and it maintains our cows.”

When we interview Herminio Rodríguez, he explains how their animals prefer a mix of fodder: “When you have a mix of pastures, they eat everything. And when you feed a mix with clover and alfalfa, the cows also give more milk.”

The farmers we meet all confirm that after 3 to 4 years the mixed pastures have improved the fertility of the soil, as the grasses with their abundant roots make the soil looser, while the legumes fix nitrogen from the air and as such benefit the subsequent potato crop. The farmers also add a bit of kitchen ash or composted manure after they cut fodder, which also improves the soil fertility.

The project had evolved from enriching native fallow vegetation with improved fodder species, to one where farmers installed and cared for their pasture as if it were a crop, fertilizing, irrigating and harvesting it. Some farmers may even keep some of their fields under permanent fodder, as they feel the benefits of having good fodder outweighs the benefits of harvesting more potatoes.

With additional support of two other projects, including a local government project, that focused on livestock, fodder and irrigation, life in the community steadily improved, and women made the most of it. While they used to sell all their fresh milk to a buyer from the nearby town, they realized that they could make more money by making and selling their own cheese and yoghurt.

“We used to heat the milk with firewood, but now we use gas. We have our big pots, our cheese press. We improve all the time. And once a week we prepare cheese and yoghurt to take to the weekly market,” says Ricardina Rodríguez.

Lucía Ávila, another member of the association who we interview on camera, summarises it well: “I would tell all farmers that we should plant pasture to have better animals, and to have a little money. If you have a bigger guinea pig, they pay you well. If your bull is bigger or fatter, they pay you well. Cultivated fodder is better to improve our quality of life.”

By having an open mindset, a certain degree of flexibility and long-term support to work with farming communities, researchers working with local NGOs can have tremendous impact that goes way beyond what they had anticipated initially.

 

Watch the video on the Access Agriculture video platform:
Improved pasture for fertile soil

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Acknowledgements

The visit to Peru to film various farmer-to-farmer training videos with farmers like doña Ricardina, doña Lucía and don Herminio was made possible with the kind support of the Collaborative Crop Research Program (CCRP) of the McKnight Foundation. Thanks to Edgar Olivera from Grupo Yanapai for introducing us to the community, and to Erik Córdova Ramos for the photo of the Agro-Insight team with colleagues from Yanapai.

 

Van bodemvruchtbaarheid tot kaas

Meer dan 10 jaar geleden werd een project in de hoge Andes in Peru opgezet om samen met de plaatselijke gemeenschappen de vruchtbaarheid van de bodem te verbeteren. Tijdens een recent bezoek aan de gemeenschap van Colpar, in de gemeente Quilcas, waren we dan ook verrast toen we plattelandsvrouwen hoorden vertellen over hoe ze een vrouwenvereniging hadden opgericht die kaas en yoghurt verkoopt. Het leek eerst een lange sprong, maar toen we meer tijd met de gemeenschap doorbrachten, werden we er weer eens aan herinnerd hoe de gevolgen van ontwikkeling kunnen afwijken van de oorspronkelijke bedoelingen.

Jeff, Marcella en ik hadden de kans om met de plaatselijke NGO Yanapai te werken aan een video over verbeterde weidegronden. Traditioneel lieten boeren hun akkers 10 jaar of langer braak liggen nadat ze een jaar lang aardappels hadden geplant, gevolgd door een jaar oca, ulluco, tuinbonen of een ander gewas. Door de toenemende druk op het land werden de braakperiodes korter en ging de bodemvruchtbaarheid achteruit. Het oorspronkelijke idee van de onderzoekers was dat door na de laatste oogst zaden van voederleguminosen en verbeterde grassen, zoals raaigras, uit te strooien, de bodem zijn vruchtbaarheid sneller zou herstellen. Dit idee, hoe creatief het ook was, heeft nooit helemaal gewerkt.

Maar de onderzoekers en de NGO-medewerkers gaven niet op en bleven de boeren bij hun proeven betrekken. Geleidelijk aan begonnen de boeren de agenda te bepalen. Vooral in gebieden waar de boeren toegang hadden tot irrigatiewater, begonnen zij te experimenteren met gemengde weidegronden, met een mix van eenjarige en meerjarige voederleguminosen en grassen, zoals haver, gerst, raaigras, klaver, alfalfa en wikke.

Alle boeren in Quilcas hebben nu semi-permanente voedergewassenvelden, die ze op verschillende tijdstippen van het jaar aanleggen, zodat ze het hele jaar door voedergewassen hebben, zoals Ricardina Rodríguez, een van de plaatselijke vrouwen, ons vertelt: “Natuurlijke weiden drogen op in het droge seizoen, en er is niets te eten voor de koeien. Geplant veevoer is er het hele jaar. We maaien het om de twee maanden, en het onderhoudt onze koeien.”

Als we Herminio Rodríguez interviewen, legt hij uit hoe hun dieren de voorkeur geven aan een mix van voedergewassen: “Als je een mix van voedergewassen hebt, eten ze alles. En als je een mix met klaver en luzerne voert, geven de koeien ook meer melk.”

De boeren die we ontmoeten, bevestigen allemaal dat de gemengde weiden na 3 tot 4 jaar de vruchtbaarheid van de bodem hebben verbeterd, omdat de grassen met hun overvloedige wortels de grond losser maken, terwijl de peulvruchten stikstof uit de lucht vastleggen en als zodanig ten goede komen aan de daaropvolgende aardappeloogst. De boeren voegen ook een beetje keuken-as of gecomposteerde mest toe nadat zij het voeder hebben gemaaid, wat de bodemvruchtbaarheid eveneens verbetert.

Het project is geëvolueerd van het verrijken van inheemse braakvegetatie met verbeterde voedergewassen tot een project waarbij de boeren hun weiland installeren en verzorgen alsof het een gewas is, bemesten, irrigeren en oogsten. Sommige boeren houden zelfs een deel van hun akkers permanent met voedergewassen bedekt, omdat zij vinden dat de voordelen van goed voedergewas opwegen tegen de voordelen van het oogsten van meer aardappelen.

Met extra steun van twee andere projecten, waaronder een project van de plaatselijke overheid, die zich richtten op vee, veevoeder en irrigatie, verbeterde het leven in de gemeenschap gestaag, en de vrouwen haalden daar het meeste uit. Terwijl ze vroeger al hun verse melk verkochten aan een opkoper uit de nabijgelegen stad, realiseerden ze zich dat ze meer geld konden verdienen door hun eigen kaas en yoghurt te maken en te verkopen.

“Vroeger verwarmden we de melk met brandhout, maar nu gebruiken we gas. We hebben onze grote potten, onze kaaspers. We verbeteren de hele tijd. En één keer per week maken we kaas en yoghurt om mee te nemen naar de wekelijkse markt,” zegt Ricardina Rodríguez.

Lucía Ávila, een ander lid van de vereniging die we voor de camera interviewen, vat het goed samen: “Ik zou tegen alle boeren willen zeggen dat we weiland moeten planten om betere dieren te hebben, en om een beetje geld te hebben. Als je een grotere cavia hebt, betalen ze je goed. Als je stier groter of vetter is, betalen ze je goed. Gekweekt voer is beter om de kwaliteit van ons leven te verbeteren.”

Door een open mentaliteit, een zekere mate van flexibiliteit en steun op lange termijn om met boerengemeenschappen samen te werken, kunnen onderzoekers die met lokale NGO’s samenwerken een enorme impact hebben die veel verder gaat dan wat ze aanvankelijk hadden voorzien.

Bekijk de video op het Access Agriculture video platform:
Improved pasture for fertile soil

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